PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 12                                                                                                      ENERO-FEBRERO  2004
página 6
 
 

CONCIENCIA SOCIOLÓGICA

 
Lo que importa saber es en qué consiste la sociedad, y no la manera en que ella se concibe a si misma, y que puede ser errónea.
El individuo puede sustraerse parcialmente a las reglas existentes en tanto que quiere la sociedad tal como es, y no tal como aparece, en tanto que quiere una moral adaptada al estado actual de la sociedad y no a un estamento social históricamente perimido, etc. El principio de la rebelión es, pues, el mismo que el principio del conformismo.
Para que el sentimiento de obligación tenga todo su relieve es preciso que haya una moral claramente constituida y que se imponga a todos sin contestación. Pues bien, actualmente, la moral tradicional está quebrantada, sin que se haya formado ninguna otra que ocupe su lugar.
De las investigaciones sobre las estructuras de las sociedades, su organización económica, política, etc., se puede deducir aplicaciones morales, pero la ciencia que puede proporcionar los medios de proceder a estos juicios sobre las cosas morales es la ciencia especial de los hachos morales.
Evidentemente los hechos morales están en relación con los demás hachos sociales y no podríamos abstraerlos de ellos; pero forman, en la veda social, una esfera distinta, y las especulaciones prácticas que se relacionan con esta esfera no pueden ser inferidas sino de especulaciones teóricas que se relacionan igualmente con este mismo orden de hechos.
De que seamos varios los que apreciamos una cosa como de la misma manera no se sigue que esta apreciación nos sea impuesta por una realidad exterior. Esta coincidencia puede deberse a causas enteramente subjetivas, especialmente a una adecuada homogeneidad de los temperamentos individuales. Entre estas dos proposiciones: me agrada esto y a varios de nosotros nos agrada esto no hay diferencia esencial.
Se ha creído poder escapar a estas dificultades sustituyendo al individúo por la sociedad. Pero es la manera en que la cosa afectaría al sujeto colectivo, y no ya al individual, lo que constituiría su valor. La estimación sería objetiva sólo porque sería colectiva.
En efecto, el juicio social es objetivo en relación a los juicios individuales. Solamente que el valor que así se atribuye al mismo ideal no se explica a sí mismo. Lo postulamos, pero no damos cuenta de él ni podemos hacerlo. N efecto ¿cómo sería esto posible? Si lo ideal no depende de lo real, no podría tener en lo real las causas y las condiciones que lo hacen inteligible. Pero, fuera de lo real, ¿dónde encontrar la materia necesaria para una explicación cualquiera? Hay en el fondo algo profundamente empirista en un ideal así entendido. Habría que ver por qué tenemos, a la vez, la necesidad y el medio de sobrepasar lo real, de sobreponer al mundo sensible un mundo diferente.
Naturalmente, los juicios difieren según los ideales que emplean. La prueba de esto es que una misma cosa puede perder el valor que tiene o adquirir un valor diferente sin cambiar de naturaleza: basta que cambie de ideal. Los principales fenómenos sociales, religión, moral, derecho, economía, estética, no son otra cosa que un sistema de valores, y por lo tanto, ideales. La sociología no trata del ideal sino para hacer su ciencia, no trata de construirlo, lo toma como un dato, como un objeto de estudio, y trata de analizarlo y explicarlo.