PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 22                                                                                            SEPTIEMBRE - OCTUBRE  2005
página 7
 

 LA CATARSIS CRISTIANA

 
Catarsis: Transformación interior debida a una experiencia vital profunda.
La primera predicación del cristianismo supuso un gran vuelco en la mentalidad de quienes recibieron y expandieron la doctrina de Jesucristo, debido a que hubieron de asimilar:
  • Que el cristianismo no era una religión distinta del judaísmo en cuanto adoraba al mismo Dios y conservaba los esenciales mandamientos de la Ley.
  • Que Jesucristo les había encomendado la predicación de un nuevo modo de relación con Dios, lo que al poco tiempo se configuró como una nueva doctrina.
Este distanciamiento de cristianismo y judaísmo no se justificó en los primeros tiempos desde una diferenciación doctrinal sino en una realización vital. El cristianismo aportaba como novedad de su Evangelio que la religión era fundamentalmente una relación personal con Dios.
La erosión de la religión judía a través de los siglos había olvidado su fundamento en la espiritualidad de Abrahán, para reducir las relaciones hombre-Dios al cumplimiento de los preceptos que se establecieron como de Ley.
Si se atiende a la predicación de Jesucristo trasmitida por los Evangelios, se puede observar que contiene más actitudes de vida que preceptos. Los mandamientos que contienen no son en sí tales, sino amplificaciones morales de los preceptos mosaicos. Jesús expone que el espíritu de la ley supera en mucho a lo que el rigor de la letra puede encerrar. Esa libertad de espíritu será una de las constantes de su predicación.
El Evangelio como buena nueva no se formula como lo que el hombre ha de hacer, sino cómo debe ser. El Evangelio - y así lo entendieron los discípulos de Jesús - supone una opción de ordenar la vida desde la práctica del amor, porque, como dirá San Juan, Dios es amor. El cristianismo consistirá en ser como Dios quiere que seamos.
No en vano el Evangelio es un testimonio de la virtud de Dios que se manifiesta en el modo de ser de Jesucristo. Además, cuando Jesús predica lo hace a través de ejemplos e historias que contienen enseñanzas de modo de vida y no rigurosas concreciones de preceptos. Todo el texto evangélico se presenta como una invitación a seguir un modo de vida peculiar.
La conversión cristiana, entendida como la aceptación del modo de vida que nos propone Jesucristo, no es un compromiso de cumplir una ley sino una decisión permanente a ordenar la propia vida según los valores que el Evangelio contiene. Por eso, se puede hablar de catarsis cristiana, porque sólo en la medida que se adquiere experiencia de vida se realiza la transformación interior.
Durante siglos en la predicación del cristianismo ha prevalecido el aspecto negativo del énfasis en el pecado y en la transgresión de la ley. Su gran efecto es que podía generar experimentados hombres en el ejercicio de la virtud de evitar el mal, pero dificultó el que los hombres con su modo de ser extendieran los valores evangélicos, tal y  como lo realizaron los primitivos cristianos.
La responsabilidad cristiana de ser sal, luz y levadura del mundo exige un compromiso de vida radical y no el acomodo al cumplimiento de ritos y preceptos compatibles en la letra a la doctrina pero muy alejados al espíritu de la misma.
El cristianismo como modo de ser se adecua al devenir de los siglos y a las muy variadas interpretaciones que del orden social establecen los hombres, pero sólo el mismo es lo que es si hace realidad en cada circunstancia la exigencia de vida en la caridad que trasciende de Dios.