PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 3                                                                                                    AGOSTO-SEPTIEMBRE 2002
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LA MORAL DEL BIEN
 
La norma de conducta más elemental es la de hacer el bien y evitar el mal. Esta sencillas premisa universalmente aceptada como norma moral entraña una serie de parámetros que por primarios o elementales no dejan de tener una enorme trascendencia en la concepción del ser.
  • El ejercicio del bien como determinación voluntaria es signo de la libertad humana.
  • El ejercicio del bien en cuanto a su proyección entre seres es signo de relación, de acto social.
  • El ejercicio del bien en cuanto ordenamiento es signo de una estructura cósmica.
  • Desde el análisis del bien se puede efectivamente ir penetrando en la estructura del ser fundamentando la existencia de una moral directiva de la conducta.
    Desde el idealismo kantiano, la filosofía se ha visto obligada a realizar verdaderos equilibrios para sostener la objetividad de la existencia de una moral. Tanto el subjetivismo, como las variantes de las distintas filosofías materialistas han terminado por negar la existencia de una moral objetiva universal.
    Tanto si se concibe el bien como el acto acorde a la norma, como si se considera el acto del bien como norma, se está estableciendo la referencia a una moral objetiva: El ejercicio del bien.
    En la enseñanza de la moral aneja a muchas filosofías se ha presentado como norma moral dominante el evitar el mal, de modo que la entidad del mal ha adquirido una preeminencia en la valoración subjetiva sobre el bien. La conciencia como capacidad intelectiva nos permite distinguir el mal y el bien; en función del hábito tenderá a prevalecer en su volición una de las dos actitudes.
    Lo que es más importante distinguir es que hacer el bien y evitar el mal se oponen con dos distintos tipo tipos de oposición lógica. Hacer el bien se opone contradictoriamente a hacer el mal en cuanto que el ejercicio del bien necesariamente supone una negación del mal; pero en el sentido contrario la oposición lógica es de contrariedad, pues de evitar el mal no se sigue necesariamente el acto volitivo del ejercicio del bien.
    Todas estas disquisiciones no tendrían más valor que distinciones formales si no fuera por su enorme trascendencia sobre la moral. Una moral construida sobre la norma de evitar el mal es una moral regresiva, negativa, no favorece el desarrollo de la libertad y estructura al hombre y a la sociedad en la introversión y el aislacionismo.
    De la moral sustentada en la norma del ejercicio del bien se sigue una sociedad libre y creativa en cuanto la misma se asienta en la misma esencia del ser volitivo. Del ejercicio del bien se sigue la perfección, mientras que de la negación del mal sólo se sigue la disposición hacia la perfección pero no el acto mismo.
    Una consecuencia social muy importante de la moral del bien es la de que todo hombre, con independencia de sus circunstancias e historia personal, puede ejercer el bien; lo que le constituye en un ente moral bueno, positivo, contribuyente al bien común.
    La represión del mal, por sí solo, no construye sociedades en progreso, es necesario para las mismas la catarsis hacia la promoción de la educación en el ejercicio del bien como norma moral fundamental del hombre y de la sociedad.