PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 42                                                                                            ENERO  - FEBRERO  2009
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CONFLICTOS LABORALES


La era de la industrialización dio origen a nuevas formas de relaciones humanas en el ámbito laboral. La creación de grandes industrias con miles de obreros desarrollaba un centro de trabajo que sólo podía ser comparado con las grandes plantaciones, las minas o los ejércitos en cuanto de estructuras de dependencia laboral de una multitud bajo un único o un reducido número de patronos. Antes, para esas labores con mucha frecuencia se recurría a esclavos o mercenarios, pero la industrialización se realizó con ciudadanos libres o inmigrantes, todos más o menos conscientes de ser sujetos de derecho, y eso es lo que dio una caracterización propia a las relaciones laborales surgidas en la era industrial.
Las grandes fábricas y los trabajadores que migraban en busca de trabajo a los núcleos urbanos tenían intereses comunes, ya que las industrias necesitaban ese trabajo, e intereses contrapuestos, porque siendo los salarios una parte relevante de los costes de producción incidían sobre los beneficios para los patronos. Esta mutua dependencia que cubría y enfrentaba las necesidades de ambas partes dio origen a la conflictividad laboral, situación que reflejaba la lucha interna por la que necesidad y oposición se equilibraban en una secuencia de enfrentamientos y acuerdos.
Puesto que las personas humanas tienden a asociarse para enfrentarse a sus necesidades comunes es por lo que surgieron los sindicatos. Estas asociaciones nacían con el objeto de proteger los derechos laborales mediante la afirmación de los mismos, al tiempo que se constituían como representaciones legítimas para negociar con los patronos. Su fuerza la constituía el control de la productividad mediante el recurso a la paralización de la producción o el compromiso de un rendimiento efectivo.
La eficacia de los sindicatos en la producción y en la constitución de los derechos laborales estuvo restringida en muchos Estados por los movimientos autoritarios de los gobiernos que controlaron la actividad laboral con leyes dictatoriales que restringían la libertad personal. En estos casos la lucha obrera se transformó en lucha política, porque, más o menos indirectamente, los gobiernos actuaban como el gran patrón de toda la actividad nacional. Estas actitudes durante el siglo XX originaron una contaminación política de los sindicatos, de la que muchas de estas organizaciones han tardado años en superar.
La conflictividad laboral debe contemplarse como el lógico enfrentamiento de intereses que se produce en cualquier colectividad social. La pareja, la familia, la comunidad vecinal, las asociaciones profesionales, los municipios, etc. en cuanto grupos sociales encierran el germen de la conflictividad, pero todos ellos tienen a su vez el sentido que les ha llevado a constituirse, que no es otro que el de alcanzar colectivamente fines difíciles de conseguir individualmente. Por ello, esta perspectiva de la agrupación debe informar también los conflictos personales para que no se pierda el beneficio social por la apreciación subjetiva de cada parte.
La evolución de la mentalidad de patronos, sindicatos, directivos y obreros ha variado mucho en los últimos decenios, porque la cultura empresarial y profesional ha evolucionado a converger en que concertar es el camino adecuado para el bien social. relegando las decisiones que merman la productividad al postrer recurso para hacer valer los derechos de una de las partes.
Hay que tomar en consideración que acordar los intereses de las partes no es tarea sencilla, ya que uno de los problemas que se dan en los centros de trabajo es el conflicto interno entre productores, de modo que unos sectores pretenden imponer sus intereses sobre otros, lo que origina el enfrentamiento y el recelo sindical. Perder el sentido del objeto que toda actividad productiva tiene para el conjunto de la sociedad está en el desacertado tratamiento de muchos conflictos, que podrían ser calcificados como violentos cuando repercuten gravemente sobre los ciudadanos. En la medida que el trabajo representa una actividad social, debe ser concebida como tal por sindicatos y patronal, y no sólo como negocio. Elevar las miras desde el conflicto personal a la trascendencia social fomentaría la disposición al pacto social que tantos beneficios reporta al conjunto de la ciudadanía.
Parte de la labor sindical de los procesos sociales más productivos consiste en detectar y exigir de los restantes agentes sociales los mecanismos adecuados de formación laboral para el eficaz rendimiento de obreros y profesionales, cuando muchas veces la recalificación se hace apremiante por la sustitución de las tecnologías. No es menos trascendente el acuerdo global de mitigar la conflictividad futura por la buena planificación del trabajo y la adecuada provisión de reservas que toda empresa debería hacer como compromiso de futuro de su actividad mercantil. Asegurar el trabajo del próximo mañana es para muchos trabajadores su máximo interés y su mayor seguridad social. También constituye un objeto sindical de primera necesidad el reivindicar la necesaria planificación profesional para la realización del trabajo en adecuadas condiciones de seguridad y salud laboral.
La conflictividad social siempre estará presente en las relaciones laborales, pero es muy conveniente no enarbolar la conflictividad como medio de ostentación del poder que se tiene en la sociedad, sino como medio para servir a la sociedad. La improductividad puede parecer una forma de dañar los intereses de los patronos, pero siempre repercute sobre los obreros, aunque muchas veces en la historia se haya mostrado como la única forma de fijar los derechos.
Como la sociedad crece y se interrelaciona como un organismo vivo, las nuevas formas de economía global y la consolidación de las grandes multinacionales generan nuevas formas a las de la era de la industrialización, y exige mucho talento para que todas las partes reconduzcan los retos con acierto, porque en ello también está en juego el futuro del crecimiento económico y de la paz social.