PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 57                                                                                          JULIO - AGOSTO  2011
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EL ITINERARIO EXISTENCIAL

 
Comentaba en una reunión una persona: A veces es mejor no pensar, refiriéndose a que, si se indaga intelectualmente, muchas de las certezas que se han recibido por influjo de la sociedad respecto al sentido de la vida podrían quedar en entredicho. Como la propia identidad se vincula a las determinaciones sociológicas en que se vive y a las relaciones establecidas, el mero hecho de plantearse la duda de su razón supone un vértigo que una gran parte de la humanidad no está dispuesta a asumir. Así se prefiere tener por verdad lo común que se cree, aunque ello no evita la duda existencial.
Preguntarse en profundidad sobre la razón y la naturaleza de la existencia es propio de la madurez de conciencia. Se nace sin criterio de verdad y se acepta la que presenta el entorno educativo, porque la confianza se encuentra relacionada con la necesidad. La precisa protección de los mayores ampara la plena asimilación de la verdad según el criterio de padres, maestros, abuelos... Más tarde, durante la juventud, predomina la crítica sobre los contenidos de verdad de las relaciones humanas. Es en la madurez y en la tercera edad cuando más crece la crisis respecto a la concepción sostenida de la propia identidad personal.
Ese itinerario de la sospecha a la duda sobre los contenidos de verdad del acerbo intelectual debe recorrerlo todo ser humano que se asoma mediante la interiorización a la esencia de su ser. Porque la última razón de verdad siempre se dilucida en el juicio propio, que valora, desde la intuición personal, cuanto se ha aprendido en las relaciones con los demás. Ese subjetivismo que entra en contraste con el objetivismo de la verdad establecida va a ser el punto de fricción más importante entre el hombre y la sociedad. No porque pueda generarse un desengaño moral, sino porque el grupo preserva su fuerza social en tanto en cuanto se impone como referencia de verdad.
La inconformidad subsiguiente a la profundización del conocimiento personal es tanto mayor cuanto más exigente es la crítica a las condiciones  de verdad en que se desarrolla la propia existencia. El valor de juzgarse a sí mismo y de juzgar todas las relaciones establecidas en la vida, diferenciando lo válido y lo desechable de cada vinculación social, potencia el aprecio a la libertad, porque en el juicio a la determinación ambiental sale reforzada la conciencia de independencia que constituye el principal factor que induce a la introspección.
La radicalidad de la verdad produce que muchos seres humanos huyan de la conciencia de juzgar sus actos, ya que conlleva a no ser coherente en el propio juicio o a que esa coherencia marque distancia respecto a las relaciones previamente establecidas, lo que puede generar la marginación y el aislamiento de quien irrumpe denunciando la necesidad de la reconsideración. Quien opta por recorrer el itinerario que apuntale su libertad se arriesga a penetrar en la encrucijada de la afirmación por la verdad, que supone depurar el saber anterior renunciando a todo lo que no se soporte bajo criterios de verdad. Esa exigencia le deparará el desprendimiento de ideas muy arraigadas, lo que puede que condicione la estructura formal de algunas relaciones, de lo que se puede seguir un cierto distanciamiento cuando el entorno no le reconozca como el que era. Constituye ese punto del itinerario existencial una nebulosa mental en el que se recupera la estima a sí mismo por el aprecio a la propia sinceridad interior y se reconoce un aislamiento del entorno del que había recibido los mayores influjos. Percibir que se quiebran importantes asideros sociales deberá compensarse con una percepción más profunda de la personalidad, avalada por la puesta en valor de la intuición intelectual que recupera el sentido más profundo de la libertad.
Es importante distinguir esa fase de confusión mental que pueda sobrevenir en el ejercicio de la introspección al dirimir las condiciones de verdad de la razón existencial, de la melancolía que pudiera producir la recreación en la contemplación del antojo sensorial. La inadecuación de la ilusión con la existencia no tiene nada en común con la búsqueda de un juicio definitorio para los contenidos intelectuales que informan la personalidad. Diferenciar unos y otros ayuda a la consideración formal de la trascendencia existencial.