PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 7                                                                                                       MARZO-ABRIL 2003
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FELICIDAD Y BIENESTAR






Felicidad ¿meta o quimera?.

La felicidad ¿existe en verdad?. ¿Tiene realidad entitativa una impresión que se muestra tan esquiva, sugerente de apariencia y difícil de alcanzar?.
Para muchos, la felicidad no es más que una ilusión romántica, una etapa psicológica de conformidad, un estado transitorio de fortuna moral; para otros, una nomenclatura de las posibilidades que brinda el bienestar.
Descubrir la entidad de la felicidad puede ser uno de los retos que tiene planteada la filosofía antropológica y la filosofía social.
Dentro de las muchas vertientes que presenta su estudio, una de ellas radica en la aproximación a la entidad de la felicidad desde la distinción con otros conceptos afines, como es el del bienestar.
Todas las inclinaciones filosóficas del racionalismo y el empirismo han limitado el espacio de la felicidad al ámbito de lo sensible, al conjunto material de sensaciones que la mente computa como agradables sin la interferencia de otras que puedan generar perturbaciones en el estado de ánimo que se sigue de todas ellas. La felicidad, así considerada, resultaría de una aplicación de imputs positivos / imputs negativos, cuyo resultado sería evaluable algebraicamente por una relación entorno / persona. A cada personalidad la felicidad le correspondería según la adecuación de un entorno material determinado. Desde el análisis de la personalidad se podría predecir el entorno material adecuado para la felicidad de cada sujeto.
Si partimos de considerar a la felicidad como el grado más íntimo de satisfacción total y radical de la persona, la experiencia ha mostrado que no guarda relación con el paradigma de satisfacciones que rodea a un individuo. En muchos entornos con máxima aplicación de influencias sensibles positivas se aprecia un grado de insatisfacción superior a otros grupos en los que la interacción de los determinantes materiales no presentan más que carencias y negatividad. Donde la expectativa de cómputo predecía felicidad no se da, y en donde los resultados sensibles la hacían impredecible se encuentra en mayor o menor estado de perfección.
El grado de bienestar que se deriva de la aplicación de las satisfacciones sensibles no se identifica con la felicidad, aunque ambas tampoco se manifiestan contrarias. De esto se puede intuir que la felicidad no es una consecuencia de la relación material del hombre y su mundo, sino que trasciende los influjos materiales abarcando al total de su persona. Por eso, la naturaleza de la felicidad hay que analizarla en el paradigma de otras determinaciones del hombre, como la libertad, que corresponden a vinculaciones de su naturaleza no material o espiritual.
Igual que la libertad, la felicidad hay que considerarla como un influjo activo del hombre en el medio y no como un estado pasivo respecto al mismo. Todo lo no material del hombre sólo es en cuanto activo, su ser es actualidad, decisión, voluntariedad. El alma es el determinante fundamental de la libertad como influjo creativo activo sobre el devenir de las relaciones materiales que le rodean.
La felicidad sería así un estado del alma que se deriva de la satisfacción del deber cumplido, de esa relación espiritual del hombre y su entorno. En la medida que actúa según la responsabilidad derivada de su libertad, se producen influjos de satisfacción consecuencia del conocimiento del bien derivado de su acto. El conjunto de esos imputs espirituales constituye un estado en el alma del hombre que es capaz de conferirle esa satisfacción de autorrealización a pesar de adolecer de un marco de influjos sensibles positivos.
La correlación entre bienestar y felicidad es patente, pero ambas influyen sobre el hombre en las distintas sustancias que le constituyen: a la sustancia material le corresponde al bienestar derivado de la satisfacción sensible y al alma la felicidad derivada de la voluntariedad del bien ejercido. Ambas pueden en mayor o menor grado sobreponerse o no, pero en ningún caso deben confundirse. Se puede ser feliz con o sin bienestar material, y se puede tener un gran bienestar, y al tiempo ser muy infeliz. El bienestar sólo influye en la felicidad en cuanto pueda condicionar al acto de la persona para el libre ejercicio del bien.