PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 93                                                                                  JULIO - AGOSTO  2017
página 4

¿SOCIOLIBERALES?


La transición o evolución en las ideologías económicas siguen esquemas más prácticos que la de las ideologías políticas. En economía basta con presentar credenciales macroeconómicos en ascenso para justificar la evolución del sistema, mientras que en política se debe refrendar el progreso del bienestar ciudadano para reconsiderar los objetivos de una ideología. Hasta qué punto se logra que los progresos macroeconómicos se trasladan al bienestar del pueblo garantiza el éxito del tránsito ideológico.
Una de esas transiciones se gestionó, en la segunda mitad del pasado siglo, cuando desde los fundamentos del socialismo se evolucionó el eurosocialismo o socialdemocracia. En el siglo actual parece querer surgir una nueva evolución desde el liberalismo al socioliberalismo, el que pugne con el conservadurismo en la eficiencia social de la política capitalista. En ambos procesos se sitúa la gestión económica como regeneradora de la política, cuando ésta pierde el apoyo social por distanciare de los problemas reales de los ciudadanos en aras de la pureza ideológica o por el cáncer de la corrupción.
La aventura de la transformación socioliberal se proyecta desde la presunción de que el incremento de la productividad se ha de traducir en un mayor beneficio empresarial que repercuta en enriquecimiento del conjunto la sociedad. Para que ello se cumpla, es preciso que el sistema reconsidere qué en el sistema liberal vigente impide la repercusión del beneficio por incremento de la productividad sobre el estamento productor, pues cuanto más crece la riqueza de muchos países más se aprecia el déficit de cohesión social.
La pureza del liberalismo ignora la exigencia de cohesión social alguna, pues el objeto para lograrla se fía precisamente en que el diferencial de riqueza es el mejor estímulo para incitar la superación personal. Desde esa teoría se repudia la justa protección de los salarios, argumentando que el libre mercado de trabajo regula de forma práctica tanto el acceso al trabajo como la rentabilidad empresarial, satisfaciendo por igual las aspiraciones profesionales de trabajadores e inversores. El problema que plantea esta simplificación del liberalismo es que la reducción en los salarios, por la posición de dominio del capital, desemboca en una tal diferencia entre los beneficios del capital y el de la mano de obra que excita la contestación democrática, cuando son más los trabajadores por cuenta ajena descontentos, que perturba el orden social, y en consecuencia la producción, de modo que sólo en regímenes autoritarios con gran poder de represión prospera su implantación.
La iniciativa socioliberal para casar la libertad de mercado y el consenso social debe incidir en la productividad como factor de potenciación de la riqueza, pero también en la protección del bienestar ciudadano que se deduce de una más justa distribución de los beneficios empresariales a los productores que los hacen posibles. En teoría el liberalismo aprueba la concertación social como medio de acuerdo entre el capital, los directivos y los asalariados, pero lo común es que, mientras que el capital y los directivos se lucran proporcionalmente del beneficio empresarial, sobre los asalariados no se repercute la parte proporcional que les correspondería de ese beneficio que no refleja su salario: La consabida plusvalía, que sigue siendo el objeto de justicia distributiva que la sociedad tiene pendiente de resolver.
Pergeñar una alternativa fiable para la concepción de las retribuciones laborales que se aproxime más al justiprecio de la riqueza creada por el trabajo manual o intelectual, en vez de fiar los salarios a la especulación de los mercados, no desdeña en nada la libre competencia, sino que la potencia. Su fundamento radica en que un trabajador no es una máquina, pues si lo fuera bien pronto sería sustituido por un robot, sino que aporta creatividad no sólo en la acción directa de su actividad laboral, sino también como sujeto corresponsable de la constitución y mantenimiento de la comunidad que hace posible la actividad empresarial, comercial y económica.
 

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