PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 93                                                                                  JULIO - AGOSTO  2017
página 9

TRABAJAR


Algo parece que va mal en el mundo cuando, en muchos países, el problema es trabajar, mientras que históricamente el trabajo ha sido la solución y no el problema del desarrollo. Hay quienes culpan a la tecnología, otros a la deficiencia de la enseñanza, otros a los intereses empresariales, y todos, de alguna forma, al sistema, aunque ese sistema sea tan distinto entre las comunidades para quien el trabajo es un problema que habría que culpar a tener un sistema, cuando en la sociedad el prestigio del rendimiento del trabajo ha provenido del sistema para la especialización.
El trabajo, por el esfuerzo que demanda, supone una contradicción mental entre el beneficio que produce y la dedicación que exige. De alguna manera, el ideal para una parte de la sociedad, de cualquier momento de la historia, ha sido y sigue siendo lograr el máximo beneficio empleando el mínimo esfuerzo, lo que objetivamente se ha logrado al beneficiarse del trabajo ajeno, y de modo futurista considerando que sea la robótica quien libere de esa esclavitud al ser humano. No obstante, no deja de haber otro considerable segmento de la población que en el trabajo encuentra un componente de realización como no lo haya en el resto de su existencia. Quizá el drama social sea que los menos adictos el trabajo penen por tenerlo, y quienes encuentran en él un espacio de realización carezcan de la oportunidad de ejercer su profesión.
Como el trabajo es el medio para conseguir los medios de vida, cuando en un entorno no se encuentra la posibilidad de obtener esos bienes necesarios, la población tiende a migrar a donde puedan trabajar y cubrir sus necesidades. Esas migraciones, que en la teoría suponen un reequilibrio entre oferta y demanda de trabajo, tiene un componente colateral, que es la integración cultural en cada territorio de la inmigración, pues sin duda lo distinto distorsiona el hábito por lo acostumbrado.
Además de la disposición personal para el trabajo, en lograrlo incide condiciones externas como son las que afectan a la oferta. En tiempos pretéritos el trabajo estaba ligado a alcanzar la propiedad de un terreno donde establecerse, por ello las migraciones se dirigían a los territorios menos poblados, cuya tierras por colonizar suponían una oportunidad para realizarlo. Actualmente, en un mundo superpoblado, donde la tierra está ya repartida, el trabajo, tanto sea en zonas rústicas como en urbanas depende mayormente de la oferta para integrarse como empleados en una explotación agrícola, industrial, tecnológica o de servicios. Las personas que precisen acceder al trabajo deberán aceptar las condiciones de la oferta, pero el problema se agrava cuando las características de la oferta no se adaptan a una gran parte de quienes demandan trabajo, por razones de edad, de cualificación, de sexo, etc., pues no es que se opongan contra unas condiciones que puedan parecerles abusivas, sino que no existe posibilidad de esa rebelión cuando el mercado del trabajo les excluye directamente.
Cuando el paro se consolida, la sociedad comienza a desquiciarse; ya sea en el primer mundo, donde se apremia a cerrar las fronteras, o en el tercer mundo, donde recrudece la inestabilidad y aumenta la violencia, favoreciendo la nunca deseada condición de estado fallido. El diagnóstico a veces no es sencillo, porque sobre el mercado de trabajo influye la política laboral, la natalidad, el crecimiento económico, la política de enseñanza, la cohesión social, la especulación y la cultura del trabajo. El peligro está en considerar que el recurso a las subvenciones, para paliar la pobreza, arregla los desajustes que pueda haber en cada uno de los parámetros anteriormente mencionados. De ahí las dudas sobre si el sistema laboral actual debe darse por desfasado, y buscar otro nuevo que ofrezca variables tanto para incrementar el interés por trabajar, como para que el trabajo que se realiza satisfaga, pero sobre todo para que el imaginario del futuro sea esperanzador.
 

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