PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 94                                                                                  SEPTIEMBRE - OCTUBRE  2017
página 9

ORDENAR EL TURISMO

La defensa del hábitat corresponde tanto a los moradores habituales como a los visitantes, pero su ordenamiento, para que esa defensa sea eficaz, debe dirigirse desde quienes, por ser la población autóctona, tienen la responsabilidad de que el impacto medioambiental y social de las visitas sea sostenible. Cuando las visitas de foráneos se hacen habituales, atraídos por las cualidades de un lugar, dan origen a dos hechos diferenciados: La de quienes desean fijar su residencia en esa comunidad, y la de quienes pasan cortas temporadas; el primer hecho se engloba en el efecto de la inmigración, el segundo en el del turismo.
Inmigración y turismo pueden convertirse en un problema social cuando se masifican, entendiendo por ello el que la masa incorporada de residentes o visitantes perturben las condiciones de vida de la población del lugar. Por la propia repercusión sobre sus vidas, e incluso por la favorable acogida a dar a los visitantes, se hace necesario que las autoridades públicas competentes organicen el turismo de modo que se protejan los derechos de la población.
Ordenar el turismo exige en primer lugar diferenciar la finalidad que mueve a cada turista a elegir un lugar. Así se pueden apreciar cuatro finalidades claramente diferenciadas:
  • Quienes viajan buscando descanso.
  • Quienes viajan buscando diversión.
  • Quienes viajan por motivos culturales.
  • Quienes viajan por fines románticos.
Dentro de cada una de ellas a su vez caben muchas matizaciones. Pero lo esencial para la ordenación es distinguir que actitudes son las que dentro de cada una de ellas con compatibles entre sí, y cómo cada una de ellas afecta a la vida de los lugareños. Téngase en cuenta que las distintas condiciones de fines inciden en las estructuras a prever de alojamiento, manutención, limpieza, tráfico, contaminación acústica, etc. Cuanto más se masifica el turismo, o sea, mayor crece la proporción entre visitantes y población autóctona, mayor es la dificultad de organización por parte de los nativos, y mayores las posibles repercusiones sobre ellos, positivas y negativas, de los efectos del turismo.
Muy posiblemente que la repercusión del turismo sobre una comunidad sea buena dependerá de su organización, y para ello es conveniente que se tornen las medidas a tiempo de planeamiento urbanístico que prevean la ejecución de los servicios necesarios para acoger a cada grupo de turistas de acuerdo a la finalidad por la que se desplazan. De este modo deberán diferenciarse:
  • Las ciudades de vacaciones familiares.
  • Entornos especiales para el turismo de ambientes desenfadados, ruidosos y previsiblemente molestos, como festivales, graduaciones universitarias y similares.
  • Formas de alojamientos integradas para quienes su interés se mueve por el contacto con las formas de vida propias de la población del lugar.
  • Alojamientos específicos que garanticen la tranquilidad e intimidad para quienes buscan esa forma de descanso.
  • Alojamientos que faciliten contacto con la naturaleza para quienes se desplazan con esa intención.
  • Alojamientos y visitas concertadas a quienes viajan por motivos culturales.
Una de las grandes tentaciones de la ordenación urbana pasa siempre por la especulación del suelo. De su improvisada realización se suceden habitualmente los efectos más desastrosos de la masificación, que no sólo es perjudicial para la forma de vida de los residentes, sino que a veces se convierte en el revulsivo mayor del futuro del turismo con industria, cuando las características buscadas por cada clase de turistas se ve negativamente afectada por la incompatibilidad de unas con otras. Ordenar es poder ofrecer garantías de sostenibilidad de forma de vida a la población autóctona al tiempo de garantizar mantener el atractivo turístico para que las inversiones sean productivas. Para ello es necesario modular la afluencia turística en relación a las derivadas no sólo de sostenibilidad medioambiental, sino también del control de la inflación de precios, vivienda y demás servicios asistenciales para el incremento poblacional de trabajadores, medios de transporte, seguridad, etc. Cuando el turismo mata la forma de vida de una comunidad porque sólo ha beneficiado a los pocos que han sabido rentabilizar la improvisada masificación, al fin se está matando a sí mismo, porque la degradación de las expectativas termina por disuadir la elección de ese destino.
 

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