PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 96                                                                                  ENERO - FEBRERO  2018
página 6

MODERACIÓN CIENTÍFICA

 
El ansia de saber es una de las pasiones más fructíferas de la inteligencia humana, aunque, como toda pasión, debe ser moderada en función de la prioridad de necesidades de la humanidad, al menos en lo que atañe a la inversión, pues, siendo los recursos materiales y humanos limitados, se debe destinar principalmente la ciencia a resolver necesidades antes que a ofrecer al mercado ilusiones de consumo.
Probablemente posibilitar viajes espaciales a quienes lo puedan pagar puede ser un proyecto mercantilmente rentable, pero la comunidad científica que lo hace factible debería considerar si es ético investigar tanto para beneficio de tan pocos, cuando se pueden dedicar ese esfuerzo intelectual a dar respuesta a problemas que atañen a millones de personas.
Cada progreso en la ciencia significa un paso adelante, pero ese paso deja huella sobre el planeta, de modo que el progreso científico está obligado no sólo a considerar la necesidad o frivolidad de cada progreso, sino también la legitimidad de la acción en función de los perjuicios que para el ecosistema puedan derivarse. Del mismo modo que en medicina se investiga la capacidad curativa de un medicamento y al mismo tiempo sus posibles contraindicaciones para la salud del mismo paciente, y hasta que el cociente entre ambas no es considerablemente positivo no se admite su comercialización, igual toda investigación científica está obligada a delimitar los daños colaterales de cada proyecto, entre los que se incluye, por ejemplo, su impacto sobre la pasión consumista y la necesidad real del progreso ofrecido.
Una gran parte de la población mundial se encuentra excluida de beneficiarse del progreso de la investigación, no sólo en sus necesidades más acuciantes, como puede ser la neutralización de desbastadores enfermedades, sino también en que las inversiones y los proyectos de las grandes multinacionales se dirigen más a esquilmarles su relación con la naturaleza que a beneficiarlos de las posibles transformaciones que se implantan, pues en muchos casos sólo llega a ellos el deterioro de su entorno y nada de los intereses que se reparten en países muy lejanos.
La moderación científica puede ser que esté más subordinada a la decisión de los especuladores financieros y de las ambiciones políticas que de las mentes de los profesionales, pero no obstante en cada uno de estos debe estar presente la gestión sostenible de los recursos naturales; esa sensibilidad, que puede faltar a quien sólo mueve la rentabilidad, debe constituir una parte esencial de la deontología del investigador, pues en el fondo es de él, y no de otro, de quien depende la coherencia ética del proyecto desarrollado.
 

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